jueves, 13 de octubre de 2016

BOB DYLAN, EL NÓBEL DE LA JUGLARÍA


EL NOBEL DE LA JUGLARÍA
Una muy antigua tradición, la del juglar, alcanza con el Nobel de Literatura a Bob Dylan, reconocimiento más que merecido.
En la temprana Edad Media los mester (oficios) de juglaría, cortesía y clerecia, ejercidos el primero por cantores y poetas populares el primero, por cortesanos y leguleyos, el segundo; y por clérigos e religiosos el tercero, corrieron en paralelo y produjeron obras relevantes y significativas.
Con el tiempo, el mester de juglaría, tildado de pecaminoso, quedaría relegado a un rol menor frente a los de cortesía y de clerecia, aceptados como propios de gustos más refinados y cultos.
Se juzgó de alguna manera la poesía del juglar, salvo las canciones de gesta, como ligera, frívola, fácil.
Y así esa poesía popular, trovadoresca, pervivió junto a los más elaborados y densos ejercicios de autores adscritos o que derivaban del mester de clerecía.
Y nunca se la consideró digna de ser reconocida como formas de expresión merecedoras los más altos reconocimientos del oficio literario, sino como mucho, una especie de divertimiento.
Ahora la Academia Sueca, al premiar al Bob Dylan, Mr. Tambourine, reinstala en toda su dignidad el mester de juglaría como una manera de crear tan digna como cualquier otra.
¿Tendremos algún día un Nóbel para Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Piero, Chico Buarque y tantos cantautores que han aportado tanto a la buena poesía como otros poetas de mayor renombre?
Quiero creer que sí.
Este Nóbel de Bob Dylan abre ese espacio.
Y lo celebro.

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