martes, 22 de marzo de 2011

EL ERROR DE MARIO VARGAS LLOSA


El error de Mario Vargas Llosa

Por Aquiles Julián

“Mi temor es de que el libro electrónico conduzca a una cierta banalización de la literatura, como ocurrió con la TV, que es una maravillosa creación tecnológica, que, con el objetivo de llegar al mayor número de personas, banalizó sus contenidos.”

Mario Vargas Llosa

Suelo coincidir con y aplaudir la manera de pensar y actuar del premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa. Pocas veces hemos visto un intelectual latinoamericano con tal lucidez, altura, valor y coherencia. Sólo inusuales fenómenos como Carlos Rangel, aquel extraordinario ensayista político venezolano, autor de un monumento de lucidez como lo es su ensayo Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario, un Octavio Paz y un Jorge Luis Borges podrían parangonársele sin desdoro. Sobre todo en un subcontinente en donde nos empecinamos en no aprender de nuestros errores, más bien repetirlos en mayor cuantía; apabullamos con consignas y frases hechas para encubrir nuestra falta de razonamiento y de razones; insistimos en las fórmulas fracasadas que nos han empantanado en vez de aprender de países que hace unas décadas estaban peor que nosotros y hoy nos llevan millas de distancia en desarrollo.

Así, los puntos de vista y los aportes que periódicamente nos llegan de este infatigable pensador y narrador son una bocanada de racionalidad en ambientes normalmente intoxicados por el fanatismo más obtuso. Y eso se agradece.

Sin embargo, en tres oportunidades distintas: una charla a estudiantes en Monterrey, México, otras declaraciones mientras participaba en Porto Alegre, Brasil, en un ciclo de conferencias, y, por último, en Madrid, durante la entrega de los XIII Premios NH de relatos, Mario Vargas Llosa comete y reitera un error. Y ese error, dado su prestigio puede inducir a equivocación a muchos que le admiran y aprecian. De ahí la pertinencia de este artículo.

CONFUNDIR EL LIBRO, UN FORMATO, CON SU SOPORTE.

¿Qué error en específico cometió nuestro admirado novelista y ensayista? El confundir al libro, que es un formato de organización de la información para su conservación y transmisión organizada, con el soporte material que hasta ahora este formato había desarrollado: la impresión en papel.

Así, la noticia que nos llega es que Mario Vargas Llosa vaticinó que “el libro de papel no llegará a desaparecer por el interés de un público reducido y casi clandestino”. Al dirigirse a estudiantes universitarios de varias universidades en Monterrey, México, abundó: “El libro de papel no va a desaparecer enteramente, como dijo Bill Gates. Siempre habrá un sector minoritario, casi clandestino, que va a mantener el libro de papel”. Y añadió: “De esta forma cada obra literaria será más rigurosa y más profunda y atraerá vocaciones más intensas. Así que habrá una suerte de compensación frente al libro digital”.

Bajo sus palabras se asienta un incomprensible malentendido, una creencia inexplicable en alguien de sus luces. Incurre en un rechazo a lo que sin dudas es un avance soberbio y positivo, a la vez que rinde culto a un formato ya obsoleto y de minorías: el libro impreso, sólo vigente porque la mayoría de la población en cualquier país no tiene tiempo, recursos o hábito para dedicarse a leer libros. Si fuese al revés, el planeta quedaría sin bosques, pues no hay tantos árboles para producir celulosa para papel. Es un enfoque, en el fondo, absurdamente elitista, injustificable en una persona que en sus escritos y declaraciones, en más aún, con su propia vida, ha postulado posiciones liberales y abiertas.

Vargas Llosa, cuya estadía en Monterrey se debió a que autoridades mexicanas le otorgaron el premio Alfonso Reyes, que antes ganaron autores como Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Alejo Carpentier, cree que sólo merece ser llamado libro aquel contenido que se presenta impreso en papel. Cuándo sus novelas y ensayos se digitalizan y difunden electrónicamente ¿ya no son libros? ¿Qué son, entonces?

En otro momento, participando como expositor en el ciclo de conferencias Fronteras del Pensamiento, en Porto Alegre, Brasil, auspiciado por la Universidad Federal de Río Grande do Sul el premio Nobel arremetió contra el libro digital descalificándolo. Así, según reseña la prensa, expresó: “Mi temor es de que el libro electrónico conduzca a una cierta banalización de la literatura, como ocurrió con la TV, que es una maravillosa creación tecnológica, que, con el objetivo de llegar al mayor número de personas, banalizó sus contenidos”.

También en Madrid, en la entrega de los premios de relatos NH volvió a lo mismo. Declaró su “desconfianza visceral a la literatura hecha y difundida por pantallas”. Expresó que: “No estoy en contra (del 'e-book'), pero en la literatura ha traído simplificación, si se compara con el papel”. Y la reseña de prensa indica que precisó que, si bien algunas generaciones acabarán por desconocer el libro tradicional, éste existirá “para minorías” y, “al ser minoritario, quizá aumente su rigor”.

La repetición, en tres escenarios y países distintos, del mismo prejuicio indica que no se trató de un desliz lamentable, sino de un esquema de pensamiento arraigado en la opinión del intelectual peruano que proviene de caer en el fetichismo del soporte, morboso como cualquier fetichismo, lo que le hace incurrir en errores como los que dijo.

EL APEGO REACCIONARIO A UN SOPORTE YA OBSOLETO

El apego a un soporte y el miedo al cambio, el rechazo a una nueva tecnología de transmisión de contenidos, es reaccionario, apostar por el pasado y deificar la tecnología obsoleta.

Este tipo de reacción de miedo al cambio, de apego a las tecnologías superadas, de rechazo al progreso no es exclusivo de Mario Vargas Llosa: aquí he escuchado declaraciones no menos escandalosas por lo absurdas, incluyendo la nostalgia anticipada del “olor de los libros” (o sea que es asunto de aroma, no de información), del placer de tocarlo y voltear la página y otras necedades no menos risibles.

El libro es un formato de estructurar la información para su conservación y transmisión. Y ese formato, que surgió en la antigüedad, ha ido cambiando de soportes según los avances de la tecnología.

Todavía no he encontrado quien sienta nostalgia de las tablillas de barro de los sumerios y asirios. Tampoco de los papiros o los pergaminos. Y admito que, por igual, nadie ha expresado nostalgia de aquellas obras prodigiosas de los manuscritos de increíble belleza, hermosamente ilustrados, y hechos por diestros pendolistas y dibujantes para príncipes y reyes. Una novela extraordinaria, un thriller policial en un ambiente medieval, especie de El Nombre de la Rosa en versión turca, del premio Nobel turco Orhan Pamuk, Me Llamo Rojo, recrea el mundo de los copistas e ilustradores que preparaban esos libros para sultanes, emires y califas.

Supongo que cuando Johannes Gutenberg creó la imprenta y aquellos horrendos libros impresos (en comparación con aquellas joyitas multicolores que eran los manuscritos de la época), salieron de las prensas, sin el trazo hermoso y cuidado del pendolista, sin el colorido la tipografía, sin los oropeles y dibujos, simple tinta sobre papel sin aquellos adornos y filigranas, no pocos se escandalizaron. Y no dudo que muchos sintieron que la literatura, hasta entonces de consumo exclusivo de reducidísimas élites, únicas que sabían leer y escribir y, además, poseían suficiente dinero para producir y adquirir manuscritos y formar bibliotecas, se rebajaría cuando la plebe tuviese acceso a ella. Peor aún, se adocenaría, prostituiría y corrompería tras la búsqueda de aceptación de un público ígnaro, basto y de gustos groseros.

Y tuvo que haber quienes en el momento pronosticaran que los manuscritos “no morirían” porque habría una minoría que mantendría vivo el arte de aquellos estudios en que copistas, pendolistas, ilustradores y maestros doradores ponían arte, talento y esfuerzos en producir aquellas joyas que eran los manuscritos.

EL SOPORTE ACTUAL DEL LIBRO ES PARA MINORÍAS

Vivimos, quién lo duda, una época bárbara en que las mayorías tienen que ocuparse casi de forma exclusiva en sobrevivir. No tienen espacio para cultivarse, pensar y elevar su nivel mental e intelectual. Y para mantenerlas sometidas, se les fomentan hábitos malsanos como el alcoholismo y las drogas, el juego y los deportes, se les secuestra su tiempo perdido en bizantinismos políticos y frivolidades faranduleras.

A esas mayorías se les sustituye cualquier forma de criterio propio o decisión. Sus vidas son teledirigidas vía los medios de comunicación de masas. Se les impone qué oír, qué pensar, qué hablar, adonde ir, qué hacer, cómo reaccionar, qué opinar, cómo conducirse, qué ver, etc. Y ellas viven bovinamente ajustándose al programa dado. Una masa aplastante de información condicionante les mantiene ajustadas al rol.

Sólo las minorías, que ya no tienen que ocuparse obsesivamente en producir con qué comer (en mi país, República Dominicana, por ejemplo, el 88% de la empleomanía no gana ni siquiera para cubrir la canasta básica de alimentos, y todo eso pese al maquillamiento de los números que es habitual acá, y estas son cifras oficiales, una de la Tesorería de la Seguridad Social y la segunda del Banco Central), pueden contar con recursos y tiempo para comprar y leer libros.

La sociedad industrial no requería un gran número de cerebros pensantes sino “mano de obra”, mecanización del movimiento, repetición. La nueva sociedad del conocimiento que emerge deja esas actividades a los robots, siempre más precisos y confiables que el ser humano. Y de ahí proviene el fenómeno de las olas de despidos y la pérdida no sólo de puestos de trabajo sino la inutilización de oficios y profesiones, sustituidos por robots y softwares. Y aparecen escritores como la francesa Vivianne Forrester, la autora de “El Horror Económico” que reacciona espantada por el fenómeno, sin entenderlo siquiera. Y clama por la vuelta a la sociedad industrial, para garantizarle los empleos a la masa bovina de mano de obra.

La nueva sociedad que emerge demanda potenciar nuestra capacidad de aprender, desaprender, reentrenarse, discernir, crear y añadir valor, de ser empleable y competitivo. Y ello implica un mayor acceso a, y un mejor procesamiento de, la información.

No hemos inventado un formato mejor que el libro para estructurar, conservar y transmitir información. La sociedad del conocimiento requiere una masificación, una democratización, del libro y un mayor ejercicio de la capacidad lectora. Demanda más personas formándose, puliéndose, incrementado su saber, reentrenándose, ampliando sus conocimientos. Más personas con habilidades de pensar, crear, discernir, criticar, evaluar, cooperar, aportar. Esa es la realidad en que más y más entramos. Y es la que originó el libro electrónico, la digitalización.

¿AFECTA EL SOPORTE A LA CALIDAD DEL CONTENIDO?

El error de nuestro queridísimo y admirado premio Nobel, al confundir un formato con un soporte, puede inducir a confusión a no pocos de sus lectores, en los que goza, como es mi caso, de amplia credibilidad.

Lo cierto es que un soporte en nada afecta al formato ni al contenido, así que no hay manera de que el soporte “banalice” el contenido, que lo haga decadente o creativamente pobre. Siempre han existido y seguirán existiendo contenidos banales, frívolos, de mal gusto, pastiches creativos. Eso tiene que ver con el talento, las autoexigencias del escritor, sus estándares, cultura, propósitos, intereses, etc. La literatura siempre ha subsistido junto a una subliteratura, a una seudoliteratura adocenada, rebajada al gusto poco exigente de una mayoría que no aspira a más, que se contenta con aquello. La novela abarca obras como La Muerte de Virgilio, de Hermann Broch, el Ulises, de Joyce y La Casa Verde, del mismo Vargas Llosa, junto a piezas de menor nivel (el mismo Vargas Llosa es autor de divertimientos que no representan lo mejor de su talento y su producción, muchas veces como consecuencia de presiones y compromisos editoriales), y a una producción de literatura de entretenimiento como las novelas policiales, románticas, de terror, de espionaje, de ciencia-ficción, literatura de género. Y que en sus aspectos más pedestres se rebaja a las noveluchas de Corín Tellado y Marcial Lafuente Estefanía.

Tengo en mi lector digital, un Kindle, ediciones digitales de La Montaña Mágica, de Thomas Mann, Macunaíma de Mario de Andrade, Rayuela, de Julio Cortázar, Gran Sertón Veredas, de Joao Guimaraes Rosa, Los Pasos Perdidos, de Carpentier, etc. ¿Me podría decir mi admirado Vargas Llosa en qué se hacen “banales, decadentes y pobres creativamente” esas obras literarias por el hecho de que su soporte ahora no sea el libro impreso sino el libro electrónico? ¿En qué se merman?

Lo cierto es que el libro digital representa un gran logro para la humanidad, pues mientras el libro impreso es más costoso, difícil y trabajoso de difundir, y se “descataloga” con mucha facilidad, el libro digital es mucho menos costoso, fácil de difundir y puede mantenerse vigente indefinidamente, todo lo cual es de tremenda importancia.

Es cierto que la emergencia del nuevo soporte está afectando a las editoriales tradicionales que comercian el libro en papel. Y que, como me dijo el escritor dominicano e impresor Denis Mota, medio en serio medio en sorna, “yo lo que quiero es que los impresores se mueran de hambre”, cuando le hablé sobre mis colecciones de libros digitales.

En el mercado tradicional del libro editar un libro es casi prohibitivo por sus costos. Y difundirlo, más aún. En mi país, República Dominicana, en que no existen editores, sino imprentas (no importa que algunas imprentas pomposamente se autocalifiquen de “editoras”, al igual que algunos colmados o tiendas de abarrotes se llamen a sí mismas “supermercados” pequeños), los autores autofinancian sus obras, normalmente ediciones de 1,000 ejemplares de penosa venta, sobre todo, salvo casos en que el morbo juega un papel. Siempre me ha sorprendido el empecinamiento en publicar de los poetas, cuentistas y novelistas dominicanos en una comunidad reacia a estas manifestaciones, donde las mayorías no ganan ni siquiera para comer decentemente, empezando por los propios escritores que no suelen leer ni apreciar a sus colegas.

La edición digital, algo que se puede aprender a hacer con facilidad y cuyos medios están disponibles gratuitamente, hace que editar un libro esté asequible a cualquier persona que sepa digitar y manejar los rudimentos de un equipo: un programa como MSWord, ideas mínimas de diseño, manejo de imágenes vía Google, un programa de editar en PDF como el PDF Creator, que se obtiene de forma gratuita, y un poco de trabajo y buen gusto.

Y al colocar en línea los libros, aprovechando páginas como www.scribd.com, http://issuu.com y otras en que se pueden subir o colgar los libros digitales, ir construyendo espacios vía los cuales difundir los textos, o remitirlos, como suelo hacerlo, vía la Internet a escritores, lectores y amigos en diversos países.

Entiendo que el nuevo soporte irrite y perjudique a los editores tradicionales y al mercado del libro como lo conocemos. Es una industria costosa, reservada a minorías, en que las ediciones se agotan y se descatalogan. Es un lujo reservado a quienes pueden pagar por adquirir sus productos. El libro como objeto para minorías ha entrado en crisis. Miles y decenas de miles de libros han sido digitalizados y circulan libremente por la Internet. ¿Los hace el circular por un medio digital menos profundos, creativos o densos? Evidentemente que no. Un soporte en nada afecta la calidad intrínseca del libro, como formato, simplemente facilita o dificulta, abarata o encarece, masifica o limita, su producción y difusión. Y en este sentido el soporte digital facilita, abarata y masifica la producción y difusión del libro.

NI EL FORMATO NI EL SOPORTE AFECTAN AL CONTENIDO

El contenido es asunto del autor. No tiene que ver con el soporte. Podríamos decir, lo acepto, que el abaratamiento de la edición y publicación, la facilidad que permite ahora a cualquier persona con mínimas habilidades y conocimientos transformarse en un editor digital o autoeditar sus textos, la oportunidad que brinda de que los libros sean divulgados y hechos llegar a más lugares, puede significar que los autores menos dotados, de calidad más precaria o cuestionables, podrán ahora trascender el limitado ámbito de sus publicaciones autofinanciadas de 1,000 ejemplares que no se vendían, para hacer llegar sus bodrios a más personas vía la Internet. Es verdad. También lo es que posiblemente tampoco conciten el interés y la atención de muchos lectores, por los que les sucederá a esos autores que, a mayor divulgación, mayor descrédito. Hay que ganarse el derecho a ser leído.

Un aspecto que se transparenta en las declaraciones de nuestro admirado novelista es que teme que el nuevo soporte conlleve el interés en halagar y amoldarse a la masa; se busque una popularización (masificación, más bien) a costa de valores y estándares de mayor calidad, refinación y aporte. Que se rebaje el nivel para agasajar a la plebe. El concepto tiene un cierto elitismo implícito pero también se entiende. Ahora bien, ese riesgo siempre ha sido consustancial al trabajo artístico. El arte se hace repetitivo, cae en fórmulas y termina en artesanía y/o kitsch. Se termina en una literatura farandulera, light, sin peso ni sustancia, amiga del aplauso fácil.

No se necesita un cambio de soporte para verificar que este tipo de seudo literatura existe y cuenta con una tradición de larga data. Y que la existencia de esa seudoliteratura que cuenta con un público que busca distraerse, matar el tiempo, sin mayores complicaciones: una suerte de adquirir una o unas emoción(es) por un costo X sin mayores complicaciones o expectativas, se remonta a los comienzos de la civilización y la cultura: siempre ha existido, y nunca ha sido obstáculo para que paralelamente emerjan escuelas, movimientos, autores y obras de relevancia y valor, que marcan a una época, impactan a la sociedad, cambian vidas y trastornan la existencia de la humanidad llevándola a un nuevo nivel de desarrollo espiritual.

Escribir a mano, escribir en maquinilla o escribir en un teclado de una PC no hace más profundo o menos profundo, de mayor calidad o de menor, más relevante o trascendente o menos, el texto escrito. De hecho, los medios cibernéticos: la computadora, el software, etc., son facilitadores del talento. Para los que vivimos en la prehistoria del corrector líquido y el papel carbón, una tecnología que nos liberó de esas tecnologías precibernéticas en nada puede ser acusada de nada malo, muy por el contrario.

Y aunque una de las notas noticiosas destaca que nuestro admirado autor declaró que tenía “una desconfianza visceral a la literatura hecha y difundida por pantallas”, lo cierto es que hablar de literatura hecha y difundida por pantallas es una expresión ligera e impropia. La literatura es hecha por el talento de un autor. Su calidad no depende del soporte elegido. No puede nuestro premio Nobel 2010 de Literatura decir que el escribir a mano o en maquinilla es más creativo, poético, rico en imaginación y elegancia verbal, novedoso, trascendente y enriquecedor que el hacerlo mediante el teclado de una PC.

Si la literatura nos llega para ser leída en una pantalla, que puede ser la de la PC, o la de la laptop, o la del artilugio de ciberlectura como un Kindle de Amazón, en nada la desmerita con respecto a aquella que nos llega impresa en papel. No es más light, más decadente, más frívola, más inocua, más irrelevante o intrascendente que aquella que aparece editada en un libro físico. Eso es un fetichismo del soporte, algo que sorprende en una mente tan lúcida e inquisitiva, en un cerebro tan bien amoblado como el de Mario Vargas Llosa.

De hecho, tengo muchos de sus libros en formato digital. ¿Son ahora La Guerra del Fin del Mundo, La Ciudad y los Perros, La Casa Verde o Conversaciones en la Catedral, sólo para mencionar las que creo sus mejores novelas, menos creativas, intensas, hermosas, impresionantes o significativas que las mismas novelas en sus ediciones de papel? El mismísimo Vargas Llosa sabe que no.

Un dispositivo como el Kindle, por ejemplo, me permite tener disponible alrededor de 600 libros digitales. ¿Qué estén contenidos en el Kindle en qué le resta? ¡En nada! Es claro que en vez de un juicio, nuestro admirado novelista incurrió en un prejuicio.

Como vemos, Mario Vargas Llosa está muy equivocado al caer en el fetichismo del soporte. No se escriben e-books, se escriben libros, y luego se escoge un soporte para su difusión. Si el libro está bien escrito o mal escrito, si es original o apenas un pastiche, si aporta o repite, si tiene calidad o es un tollo, todo eso tiene que ver con el escritor, su talento, su rigurosidad, sus estándares, su capacidad de trabajar y pulir su texto, y no con el soporte elegido. Quiera Dios que reflexione sobre los dislates expresados y los corrija. No espero menos de su inteligencia. Y de su valor.

miércoles, 16 de marzo de 2011

PALABRA DADA, ENSAYOS POR AQUILES JULIÁN


Palabra dada

Por Aquiles Julián

Si se nos dio la palabra es para usarla. Y si la usamos, es conveniente hacerlo con altura, con dignidad, con honestidad y con valor. No palabra que engañe, sino que aclare. No palabra que rehuya, sino que encare. No palabra envilecida, sino palabra con honor.

La literatura, oficio al que he dedicado mi vida, significó siempre un trato asiduo con las palabras. Y muchos de los momentos más felices y plenos de mi vida están unidos a ellas. Por eso me gusta darlas, porque he recibido mucho y me encanta compartir la dicha alcanzada.

Suelo escribir desde la admiración. Y cada uno de los ensayos recogidos en este libro es una expresión de gratitud por el gozo recibido. Y de amor compasivo frente a las debilidades y falencias humanas en que los escritores, seres frágiles, muchas veces egocéntricos, excéntricos e ilusos, incurren. Lo sé por experiencia propia.

Ocuparse de las palabras en un país semianalfabeto, donde los niveles de conciencia son elementales: pura sobrevivencia, satisfacción de necesidades primarias, ostentación ridícula, aturdimiento vía el alcohol y escasa preocupación por cultivar la mente y el espíritu, es de por sí tarea ingrata. Los niveles de primitivismo en que nos desenvolvemos son pasmosos. El analfabetismo funcional campea por sus fueros. La incapacidad de pensar y discernir espanta. Las conductas groseras revelan la involución en las buenas maneras, la entronización del patán como modelo social. La impunidad, el irrespeto, la permisividad, el descaro son los valores pregonados desde arriba, desde aquellos que se supone nos lideran y nos deberían servir de modelos.

En ese cuadro deprimente escribir se convierte en un oficio irrisorio. Se escribe para no ser leído. Se escribe para no ser justipreciado, discutido, refutado o convalidado. Se escribe para ser ignorado. Se escribe para nada.

Y sin embargo, ¿podemos no escribir? En mi caso es imposible. La única opción a no hacerlo es explotar. Entonces, escribir es una especie de terapia, una cuerda que lanzamos al vacío con la secreta esperanza de que encuentre quien la tome en el otro extremo y se genere el acto de comunicación.

He escrito más de una vez que el mayor elogio que se puede hacer de un escritor es leerlo. Se escribe para ser leído. Tal vez es pretencioso que en una pequeña comunidad pobre, en que la necesidad de comer domina a la mayoría que no es capaz de obtener un salario que le permita vivir dignamente (la Tesorería de la Seguridad Social, quizás la única institución del Estado cuyas estadísticas merezcan algún nivel de credibilidad, publicó recientemente que el 88% de los trabajadores asalariados no recibían un ingreso que le cubriera la canasta básica. Ni siquiera para comer dan los salarios), las personas ocupen tiempo en leer.

Si el salario no da para cubrir la canasta básica ¿cómo podrían las personas adquirir libros? Y en un país donde en los hogares más acomodados, en que todos los lujos esplenden para deslumbrar a amigos y conocidos, usted nunca encuentra una biblioteca entre los bienes que se ostentan bibliotecas personales, tampoco la lectura es tenida como un valor relevante.

No importa. Reúno estos ensayos y con ellos inicio una nueva aventura editorial digital: lectofilia digital.

Al comentar un libro, un autor, reflexiono sobre mí y sobre mi realidad. Ellos sirven como puntos de referencia con los que contrastar mis propias experiencias. Ellos me permiten entender mi realidad y entenderme. Son un medio de aclarar temas importantes en mi existencia.

De ahí que cada uno de ellos haya aportado a mi vida, la haya enriquecido. Y espero que la gratitud que les debo humedezca mis palabras, para que no sean frases secas o con pretensiones de erudición, sino, por el contrario, palabras cálidas de afecto y reconocimiento, de cariño y humildad agradecida, a autores y libros que me han ampliado, han extendido mi visión y fertilizado mi mente, me han enriquecido más allá de toda medida. Y han dado a mi vida momentos gratísimos, mismos que quiero animarte a vivir con estas páginas.

sábado, 12 de marzo de 2011

LAS 7 CICATRICES DEL LÍDER, DE DÍO ASTACIO


Las 7 cicatrices del líder

Por Aquiles Julián

“Es un honor para el rey gobernar sobre muchos,

y una ruina gobernar sobre pocos”.

Proverbios 14,28 (NVI)

Dío Astacio, pastor, motivador, conferencista y autor de libros de crecimiento personal, es una persona de gran relevancia en la vida mía y en la de mi esposa. Somos amigos y hermanos en la fe cristiana de Dío y Evelyn, su maravillosa pareja. Y he compartido con él también la pasión por impactar vidas y contribuir a elevar el nivel profesional y humano de las personas, a través del entrenamiento y la capacitación. Ahora Dío Astacio nos premia y enriquece con este nuevo libro cargado de inspiración, enseñanzas y guías: Las 7 Cicatrices del Líder.

Cuando Dío Astacio escribió su primer libro, Éxito Integral, Las 8 Leyes Ocultas, que logró una difusión sorprendentemente alta en un país muy poco dado a la lectura como el nuestro, tuve el privilegio de contribuir en la corrección de estilo del mismo y quedé gratamente impresionado por su exposición. Aquellas ocho leyes ocultas del éxito resumían una sapiencia y una pertinencia singulares. Y, de hecho, el libro fue aceptado, promovido y apreciado por líderes como Theo y Maribel Galán, diamantes ejecutivos de AMWAY, la corporación creadora del modelo de network marketing, que dirigen una extensa organización de mercadotecnia de red, al igual que por otros líderes de esa y otras organizaciones de venta directa. Dío fue orador invitado en varias convenciones de EFinity, la primera institución de capacitación acreditada por AMWAY, tanto a nivel nacional como internacional.

Cito ese hecho porque EFinity entrena y capacita a emprendedores que construyen redes de distribución de bienes y servicios y estos tienen que pulir sus habilidades de liderazgo, inteligencia emocional, comunicación y trabajo en equipo, pues dichas competencias son fundamentales para tener un éxito significativo en ese modelo de negocio. La experiencia de liderazgo en el campo que desarrollan los constructores de redes de marketing les hace tener una base sólida para juzgar la validez o no de cualquier información sobre liderazgo que reciban. Entrenar líderes, que dirigen organizaciones de cientos, miles y decenas de miles de personas es un honor que normalmente se reserva a personalidades como John C. Maxwell, sin dudas la mayor autoridad mundial en liderazgo vida, Robert Kiyosaki, Brian Tracy y autores de esa envergadura. Y a esas alturas remontó con singular éxito Dío Astacio desde su primer libro.

CÓMO SE CONSTRUYE EL LIDERAZGO

Este segundo aporte, Las 7 Cicatrices del Liderazgo, del cual me concedió el altísimo honor de hacerle la presentación en público el día de su lanzamiento, reedita con amplio éxito el logro alcanzado con su primer libro. Se trata de un aporte a la construcción del carácter del líder, señalándole siete áreas de prueba que tendrá que superar para consolidar un nivel de liderazgo trascendente.

El liderazgo se construye ganando influencia, respeto, aprecio y e identificación con las personas que se agrupan alrededor de quien ejerce el papel o rol de líder. No es impuesto. No se da por decreto. No es un título o un puesto. No figura en un organigrama corporativo. Es una relación que se gana con el tiempo, y en su corazón están la integridad percibida, los valores y la visión compartidos y el servicio que presta el líder a sus colaboradores.

La integridad percibida, la congruencia entre lo que el líder predica y lo que el líder hace, es la base de la confianza. Los valores y la visión fundamentan igualmente la credibilidad en el líder y la fe en hacia dónde nos conduce, y también en su habilidad para llevarnos allí a buen término. El servicio que el líder proporciona genera reciprocidad, interés personal en contribuir. Esa confianza, esa credibilidad, esa fe y esa reciprocidad son claves en la construcción de un liderazgo eficiente y eficaz.

Como aprendiz, lector insaciable y practicante de relaciones de liderazgo, he quedado gratamente sorprendido por estas 7 Cicatrices, aunque admito que inicialmente me chocó el título por lo crudo del mismo. Una cicatriz, por otro lado, indica un proceso que ya sanó. El tejido conjuntivo cerró la herida abierta y la selló. Simplemente recuerda un suceso traumático superado. En el caso de estas siete áreas de crecimiento en el carácter del líder, las cicatrices señalan que el líder afirmó su carácter al superar las pruebas a las que las circunstancias le sometieron.

LAS 4 PRIMERAS CICATRICES

¿Cuáles son estas cicatrices y por qué ellas tienen que ver con el carácter del líder? La primera es la cicatriz del perdón. En toda relación se producen situaciones que entrañan algún tipo de injusticia, incomprensión, maltrato, abuso o desconsideración hacia quien ejerce el papel de líder por parte de uno de sus colaboradores. Si quien ejerce el rol de líder carga animosidades, rencores, intenciones de venganza, eso nublará no sólo la relación con la persona en específico que produjo la herida, sino con otros colaboradores que se mirarán en aquel espejo y sentirán que lo mismo les podría suceder a ellos.

La generosidad en perdonar es clave en la construcción de un liderazgo genuino, sano y creciente.

La segunda cicatriz tiene que ver con el valor. El atreverse, el actuar con determinación, el arriesgarse, son cualidades de indudable importancia. Nadie se siente a gusto en seguir a una persona dubitativa, irresoluta, cobarde. Y si bien tampoco apreciamos la temeridad irresponsable, queremos sentir que quien nos guía toma decisiones y encara con intrepidez las tareas que se derivan de ellas.

La tercera cicatriz que trata Dío Astacio en su libro es la de la paciencia. John C. Maxwell, que al igual que Dío Astacio es pastor y desarrolló su liderazgo en congregaciones cristianas, tiene un libro fundamental en liderazgo: Las 21 Leyes Irrefutables del Liderazgo. Una de esas leyes fundamentales es la Ley del Proceso: todo logro toma un tiempo y un esfuerzo. Nada significativo se construye de la noche a la mañana. La premura es mala consejera. Antes de crecer hacia arriba, las plantas primero crecen hacia abajo: un crecimiento que nadie ve, pero es el que sostiene al pequeño brote en su ascensión.

La paciencia, lógicamente, no es inacción; por el contrario, es perseverante constancia, acción consistente. Theo Galán, mi mentor, suele enfatizar la importancia de la acción continua, de la permanencia en el trabajo que es garantía de éxito.

La cuarta cicatriz es la de la oración. En los momentos de incertidumbre, ante las situaciones inesperadas, cuando nuestras expectativas son desmanteladas por sucesos que las echan por el suelo, cuando las cosas parecen no suceder en nuestro favor, la fe es el único baluarte que nos permite sobrepasar el mal momento. Orar, claro, no sólo es sano en momentos de aflicción o contratiempos, por el contrario, el Libro Sabio nos recomienda poner en manos de Dios todos nuestros planes, ya que si Dios no edifica la casa, en vano se afanan los edificadores. Todo líder íntegro es, simultáneamente, una persona de profunda fe. El liderazgo es una responsabilidad inmensa, pues las expectativas y la suerte de muchos dependen de nuestra correcta conducción. Y necesitamos iluminación de lo alto para acometer tal tarea con éxito. Como bien reza Proverbios 16,1: “La gente hace planes, pero sólo el Señor puede hacerlos realidad”.

LAS 3 SIGUIENTES CICATRICES

La quinta cicatriz que trata el autor es la de la justicia. Y eso implica equidad, equilibrio, discernimiento y compasión. No son una ni dos las situaciones en que un sentido de justicia equilibrado y compasivo serán útiles. Y en que también cometeremos errores por exceso o por defecto. El manejo de organizaciones y de personas, que implica intereses, puntos de vista, percepciones y expectativas contrapuestos y en no pocas ocasiones contradictorios, pondrá a prueba nuestro sentido de justicia y equilibrio más de una vez. Sume a estos afectos, tendencias, proclividades e inclinaciones naturales, junto a nuestra igual parcialidad y limitaciones en información, etc. Mantener la ecuanimidad, el apego a los hechos, la generosidad, el desprendimiento, la búsqueda de consenso, la propensión a ceder para alcanzar la mayor unidad de criterio, etc., más que imponer y abusar del poder otorgado es un rasgo que define al líder maduro del que todavía está crudo para responsabilidades y tareas de mayor envergadura.

Luego está la sexta cicatriz, la cicatriz del silencio. Tal vez la mayor prueba de autocontrol estribe en saber callar cuando todo impulsa a hablar. El silencio implica en el liderazgo muchos aspectos: la discreción frente a la confidencia, el tacto, el autocontrol frente al ataque injusto o desproporcionado; el manejo prudente de la información. Las palabras hieren más que las agresiones físicas, porque hieren en el corazón. Las heridas emocionales son más difíciles de restañar. El perdón y el silencio son las dos cualidades más difíciles de desarrollar. A cada instante podemos estar tentados a ripostar, a zaherir, a humillar, a maltratar, a “poner en su puesto”, a lacerar una relación. Se espera del líder ecuanimidad, capacidad de aguante, temperancia.

De hecho, a no pocos líderes les hundió su explosividad, la facilidad con que respondían a las provocaciones. Perdieron la confianza de gente que temía que tomaran decisiones temperamentales basadas en sus estados de ánimo y sus fluctuaciones temperamentales. Dos ejemplos de ello son Juan Bosch, brillante escritor y político de honestidad sobresaliente; y José Francisco Peña Gómez, fogoso orador y líder de masas. Ambos se enajenaron simpatías por la facilidad con las que cedían ante provocaciones y explotaban en público. Muchos temieron las consecuencias de esa deficiencia de carácter en el ejercicio del poder.

La séptima cicatriz que el autor trata es la cicatriz de la humillación. Y como Dío Astacio nos muestra en su libro, aquella trasciende a la humildad. Implica domesticar el ego y someterlo. Ir más allá. Se trata de un acto supremo de valor sobre uno mismo. Las trampas del ego, la humildad de fachada, el compromiso con nuestra autoimagen, pueden llevarnos a conductas erróneas. Humillarse, aceptar el error, pedir perdón, ceder y buscar el consenso, excusarse aún cuando el error sea ajeno, muestra grandeza de corazón y respeto.

LA CONSTRUCCIÓN DEL CARÁCTER DEL LÍDER

Como vemos, todos son rasgos de carácter que van a separar un liderazgo eficiente y eficaz, trascendente, de un liderazgo temporal y limitado. Un líder siempre se expone al juicio de los demás, y en la medida en que su liderazgo se acrecienta, vive en una casa de cristal donde todos se sienten en derecho de opinar y juzgar sobre su vida. Y aquello que se le tolera y acepta a cualquier otra persona en un líder puede aparecer como una mancha intolerable. Es el precio que el líder paga por la influencia y confianza de que goza. Todo el mundo quiere sentirse guiado por alguien de superior calidad a sí mismo. Usted y yo queremos sentir que el conductor del vehículo en que vamos tiene niveles de destreza, prudencia, sentido común, experiencia y autocontrol superiores a los de uno mismo, pues estamos confiando a él nuestra vida e integridad personales.

Hay muchos libros que tratan las habilidades y destrezas del liderazgo. Y hay una necesidad continua de líderes en la sociedad. De hecho, la decadencia de la calidad de liderazgo es algo que nos agobia. Necesitamos líderes fuertes, confiables y capacitados para llevarnos a un futuro mejor.

John C. Maxwell en el libro de Las 21 Leyes que citamos, señala una que es la Ley del Tope: usted no va a llegar más allá de su nivel mental de liderazgo. Nuestro tope mental puede ser más alto o más bajo. Ahora bien, todos tenemos un tope. Nuestra tarea es elevar nuestro tope para no torpedearnos nosotros mismos y ser nuestro propio obstáculo, como aquel verso de un poeta persa que dice: “Eres tu principal barrera; salta sobre ti mismo”.

Leer, aprender y ampliar nuestra cultura de liderazgo es fundamental. De hecho, es una materia que debe impartirse en todas las escuelas y en todas las universidades. Como seres sociales, precisamos de líderes con formación apropiada. Cuando la sociedad carece de buenos líderes y de una cultura de liderazgo sana, entonces favorece la aparición de líderes inapropiados, dañinos, con las fatales consecuencias que se derivan de un mal liderazgo.

Y lo más importante de un líder siempre será su carácter, pues de él se derivan sus valores, su visión, su ética y su integridad. Eso es lo que hace que este nuevo libro de Dío Astacio, Las 7 Cicatrices del Líder tenga tanta importancia para nuestro país, nuestra región y nuestra humanidad.

LA MAYOR PRUEBA DE LIDERAZGO: DIRIGIR LÍDERES

Dío Astacio lidera una congregación cristiana a la que mi esposa y yo pertenecemos. Y en ella pastorea a dirigentes políticos y empresariales como Elías y Lourdes Serulle, él diputado y empresario tradicional, y ambos zafiros de AMWAY, con una organización de pujante crecimiento. Liderar líderes es una prueba superior, pues como John C. Maxwell enseña en su manual Desarrolle a los Líderes Alrededor de Usted, el líder por naturaleza es independiente, tiende a asumir la dirección y posee criterio propio.

En ese contexto, las siete áreas de crecimiento interno que Dío Astacio describe en su obra cobran importancia capital. Nada más difícil de dirigir que un líder. No hay reto mayor que ser líder de líderes.

¿Para quién es importante este libro? Para todos. Todos estamos llamados a liderar a otros: nuestra familia, nuestros amigos, nuestros colaboradores. Todos ejercemos influencia, positiva o negativa. Pulir y afirmar nuestras capacidades y destrezas de liderazgo es vital para alcanzar logros significativos en nuestras vidas. Todos somos líderes en algún aspecto de nuestras vidas.

Y, en consecuencia, todos necesitamos construir en nosotros esas siete áreas de experiencia de liderazgo, esas siete cicatrices. El perdón, que comienza por el perdón a nosotros mismos, el deshacernos de cargas (rencores, victimismo, viejas ofensas), que lastran nuestro presente. El valor para encarar los desafíos del presente. La paciencia para aguardar que los procesos se verifiquen, teniendo fe en los resultados. La oración para obtener fuerza de lo alto, cuando nos sentimos desmayar. La justicia para actuar con equilibrio y compasión. El silencio para callar y refrenar nuestra tendencia a herir. Y la humillación para no dejar que el ego nos controle.

En el hogar, en el sector de residencia, en el trabajo, en el grupo social con el que se interactúa, en las relaciones profesionales, políticas, etc., en las relaciones de uno consigo mismo, esas 7 áreas de crecimiento del carácter tienen un papel cardinal para una vida de logros positivos.

Este libro es un libro, que digitalmente puede obtenerse en el enlace: http://libreriabendicion.com/tienda/product_info.php?products_id=86, sin dudas destinado a cumplir un papel importante como alimento espiritual de personas que ejercen posiciones de liderazgo o que están en camino a ello. Es un libro de cabecera al cual volver una y otra vez a buscar guía y consejo. Su apoyo en la Biblia, el manual de liderazgo por excelencia, con sus cientos de historias y recomendaciones, también es otro acierto del autor. Abrevemos en sus páginas y nutrámonos para que las heridas restañen rápido y las siete cicatrices maduren nuestro rol de líderes.

Véalo en WordPress: http://aquilesjulian.wordpress.com/2011/03/13/las-7-cicatrices-del-lider/