domingo, 30 de enero de 2011

SANTONES, GURÚES, LÍDERES MÁXIMOS Y OTROS GUÍAS "ILUMINADOS"


Santones, gurúes, líderes máximos y otros guías “iluminados”.

Por Aquiles Julián

Parece generalizarse la creencia de que los intelectuales no son más sabios como mentores, ni más respetables como modelos, que los hechiceros y sacerdotes de antaño. Comparto ese escepticismo.

Paul Johnson

Intelectuales

Dos queridos amigos, los escritores Juan Freddy Armando y Tony Raful, en artículos distintos y en momentos distintos, se han referido en términos encomiásticos a Jiddu Krishnamurti, un santón de origen hindú que, según sus fabricantes (pues el tal Krishnamurti fue una invención de un par de espiritistas ingleses), estaba llamado a ser “El Maestro del Mundo” o la encarnación de Maitreya, deidad del panteón budista.

La seducción que santones, gurúes y otros fenómenos semejantes, verdaderas estafas a la credulidad e ingenuidad humanas, ejercen es cosa que nunca deja de asombrarnos. Increíble la cantidad de personas, que por lo común uno las tendría por sensatas e inteligentes, que quedan atrapadas en las redes seudomísticas de estos embaucadores. Y si los santones y gurúes atrapan las mentes de personas que sienten un vacío espiritual y buscan qué lo llene, no menos semejante es la necesidad mística de creer de aquellos que se autocalifican de espíritus escépticos, descreídos y científicos (ese adjetivillo presuntuoso, positivista y decimonónico, que hace sentir tan autosuficientes a quienes lo emplean), ateos o agnósticos incluso, que no vacilan en prosternarse en todos los sentidos a ese nuevo tipo de santón o gurú moderno que es el líder máximo.

Ambos, santones y gurúes por un lado, y los máximos líderes por otro, son capaces de producir verdaderos fenómenos de hipnosis colectiva, histeria, adhesión irracional, prosternación y abyección a niveles escalofriantes. De alguna manera llenan una oscura necesidad humana: proporcionan seguridad, explicación, esperanza y sentido de pertenencia a individuos, a cambio de que renuncien al criterio crítico, a la independencia, a la responsabilidad, la conciencia y la libertad personales. De alguna manera expresan ese miedo a la libertad del que escribió el psicoanalista vienés Erich Fromm.

LOS SANTONES MÍSTICOS

Un libro ejemplar para recorrer las historias asombrosas de los santones lo es El Mandril de Madame Blavatsky, de Peter Washington. Es un viaje por las vidas nada pías de personalidades paranoicas, mórbidas, delirantes, egocéntricas, que no tuvieron escrúpulos en instrumentalizar esa fe cegata e ingenua de personas que buscaban en quién depositar su necesidad de creer.

Descubierta esa sed insaciable, no importa lo absurdo que se les proponga, corrieron a suplirla. Aunque el español César Vidal busca los antecedentes del llamado movimiento de la Nueva Era en las tradiciones gnósticas, como opina en su libro Los Evangelios Gnósticos, en realidad los genuinos antecedentes son más cercanos: surgen con aquel movimiento que Helena Blavatsky, una aventurera espiritual originaria de Rusia en el siglo XIX, transformó en la controversial Sociedad Teosófica.

Blavatsky, sugestionó a buena cantidad de personas, convenciéndolas de que existía una comunidad de seres superiores: los Maestros Invisibles, himalayos por lo demás, con los que sólo ella tenía contacto y que, por medio de ella, enviaban mensajes a la humanidad. Aquellos “seres trascendidos” (y hay todo un lenguaje ritual cuyo uso evidencia influencia, incluso inconsciente para el hablante, del batiburrillo teosófico), tenían nombres: Koot Hoomi, ayudante de Maitreya, Dwaj Khool, Serapis, el maestro Morya, el Conde de Saint Germain, y la Blavatsky juraba que sólo ella y nadie más tenía el canal exclusivo con ellos.

Como en una anticipación de la serie La Guerra de las Galaxias, Blavatsky recocinó el tema del enfrentamiento de los Señores o Guerreros de la Luz con los Señores de la Sombras o las Fuerzas Oscuras. Esto no es más que maniqueísmo puro, una actualización del zoroastrismo que explica las luchas entre Ahura Mazda u Olmuz, al que se asocia al sol, a la luz, contra Angra Mainyu o Ahrimán, la noche, las tinieblas, envuelto en ropaje tibetano, parafernalia de mago de feria y verborrea esotérica.

Los iniciales seguidores de la Blavatsky en la Inglaterra victoriana, a los que ésta sugestionaba con sus historias y trucos, fueron desplumados económicamente por la médium. Y algunos vieron la rentabilidad del negocio y empezaron a “conectar” por su cuenta con los Maestros Ocultos, la Gran Hermandad Blanca de Maestros o Mahamas, encabezada por el Señor del Mundo, que viven en Shambahla, en el desierto de Gobi: como ven todo exótico, místico, sugestivo, al margen de Blavatsky, la cual vio alarmada cómo le quitaban la exclusividad del trato con los Maestros Invisibles. Todos querían guisar, no sólo ella.

La Blavatsky, que se drogaba fumando hachís, vivió de escándalo en escándalo, acusada una y otra vez de fraude y estafa. Cuando encontró al coronel norteamericano Henry Steel Olcott, impresionable y dado a buscar contacto con los muertos, su situación cambió. El coronel calificó su relación con la Blavatsky de “compinches”. Juntos se dedicaron a organizar a sus adeptos. Helena Blavatsky escribió densos y disparatosos tratados ocultistas como Isis Desvelada en que plagió descaradamente textos ajenos a diestra y siniestra, y La Doctrina Secreta, igual menjurje esotérico. Su colaboración con Olcott dio un resultado: la fundación de la Sociedad Teosófica, a la que siguieron múltiples subramas y extensiones, en que prometían una experiencia sobrenatural, un contacto con espíritus desencarnados, difuntos, con seres superiores, a sus afiliados. Muchos aristócratas ingleses, profesionales e intelectuales la vieron como una forma de escapar del tedio y darle a su vida excitación y misterio.

Es interesante ver cómo tales fábulas ejercían fascinación sobre personas por otro lado muy honorables y de prestigio en sus áreas creativas y profesionales, como la poetisa Ella Wheeler Wilcox, Alfred Russel Wallace, nada menos que colaborador de Darwin; Thomas Alva Edison, el genial inventor, el poeta W. B. Yeats, H.G. Wells y George Bernard Shaw (ambos, Wells y Shaw, en los años ´30 caerían seducidos por Stalin, mostrando su predisposición a tener un gurú, sea espiritual o político), lo que demuestra que el talento o la inteligencia en un campo, no obligatoriamente nos proporciona sensatez, discernimiento y criterio propio en otros campos.

LA INVENCIÓN DEL MAESTRO DEL MUNDO

A la muerte de la Blavatsky, la Sociedad Teosófica, que siempre había vivido en litigios y controversias, terminó siendo asumida por Olcott, que permaneció en la India, y por Annie Besant, esposa de un clérigo anglicano, que facilitó escribir La Doctrina Secreta al actuar como secretaria de la Blavatsky. La Besant no vaciló en provocar un cisma entre los teósofos para imponerse como continuadora de la obra de su mentora. A la Besant le encantaba formar órdenes, crear ritos, diseñar símbolos y distinciones, tenía un talento teatral para el disfraz y las ceremonias que realizó en su nueva posición.

Una característica de ella fue su necesidad de estar siempre bajo la influencia de un macho dominante. Uno de ellos lo fue G. B. Shaw, a través del cual se puso en contacto con la Blavatsky y la teosofía. Otro, un ministro religioso, incorregible pedófilo, que se afilió a la Sociedad Teosófica y terminó asumiendo el papel de “Obispo” de la llamada Iglesia Católica Liberal, Charles Leadbeater.

Leadbeater, que ya había secuestrado a un adolescente hindú del que se enamoró perdidamente en Ceylán, Curupumullage Jinarajadasa, tenía una pasión extrema por niños y adolescentes. Uno de sus mayores “aportes” al ocultismo fue el detectar las distintas “reencarnaciones” (una estafa semejante hacen los que “inducen regresiones”, con autores como Brian Weiss, “Muchas Vidas, Muchos Sabios” como un ejemplo de ello), que él describió en “Las Vidas de Alcione”, en colaboración con la Besant. A Leadbeater se debe el falaz descubrimiento de la encarnación del Maestro del Mundo, el último Buda: Maitreya.

El niño Krishnamurti fue seleccionado por el ojo pederasta de Leadbeaquer cuando se bañaba junto a su hermano Nitya en las playas privadas del Centro de la Sociedad Teosófica de Adyar, en Madrás, India, en 1909. Leadbeaquer aseguró haberle visto al niño un aura excepcional; negoció con el padre, un teosofista hindú, Jiddu Narianiah, hombre pobre y viudo, en la entonces colonia británica, el encargarse de los niños. Y proclamó que el niño Krishnamurti era el “avatar” (encarnación terrestre de un dios en la mitología budista), del Señor Maitreya, el próximo Buda que habrá de venir, un mesías oriental.

Al niño Krishnamurti y a su hermano Nitya se los llevaron a Inglaterra. Maternales aristócratas inglesas, apasionadas de la teosofía, los acogieron y adoptaron. De harapientos, pasaron a vestir ropas exclusivas y a vivir la vida de la nobleza británica (ese gusto por la vida regalada de la aristocracia le acompañaría toda la existencia). Su adolescencia la vivió Krisnamurti en la complejidad de ser simultáneamente tomado por un ser superior por los aristócratas ingleses y a la vez por el vasallo de una raza y país sometidos a la Corona británica.

Para disgusto de Leadbeater, Krishnamurti generó una amplia simpatía e interés femeninos, a la vez que una clara inclinación de su parte al trato con el sexo opuesto, y frente a él se mostraba circunspecto y frío. Las féminas protectoras le llenaban de obsequios, afectos, legados, y le asignaron ingresos significativos. Eso provocó que Leadbeater buscara para Krishnamurti un contricante, al que definió como de un aura mayor y de mayor proclividad al papel de Maestro del Mundo: otro joven, Rajagopal Desikacharya, descubierto por Leadbeater en 1913, muchacho inteligente y excepcionalmente hermoso, perteneciente a la élite de la sociedad hindú.

EL MITO KRISHNAMURTI

Aunque las aristócratas británicas que protegían a los jóvenes hindúes y los adiestraban para su papel de encarnaciones de dioses, buscaron darles una esmerada educación, Krishnamurti no pudo superar los estudios formales, era de inteligencia tarda, lo que sí hizo hasta graduarse su rival, Rajagopal, quien estudió en Cambridge.

Al final, Krishnamurti sacaría ventajas de ser más lerdo y haber sido el primer escogido como encarnación de Maitreya. Ya adulto, en 1929, se apartó de la Sociedad Teosófica cuidando, simultáneamente, de mantener sus relaciones de agradecida amistad con la líder de la misma, Annie Besant. Luego, en un acto soberbio de habilidad, contrataría a su recién graduado rival, Rajagopal, para que le administrara el imperio comercial que empezó a construir. Mientras, él aprovechaba su formación de años en ocultismo y teosofía para ejercer su papel de santón y encantar a millares de personas que se le acercaban como quien se acerca a un prodigio.

El discurso de Krishnamurti, como el de muchos santones, semeja el de las manchas de Rorschach: cada quien se proyecta en el mismo y entiende y siente cosas que no están propiamente en el discurso, sino en quien lo interpreta. Es un poco ese elusivo y brumoso estilo de comunicación que a nivel terapéutico fue característico de Milton Erickson, el padre de la hipnoterapia norteamericana, y que John Grinder y Richard Bandler, los cocreadores de la Programación Neuro-Lingüística, PNL, desmenbraron en sus modelos básicos, en sus libros Los Patrones de las Técnicas Hipnóticas de Milton Erickson, MD, volúmenes I y II. Con esas maneras sedujo y encantó a miles de personas en los cinco continentes.

La realidad del santón que gustaba de largos soliloquios y de extensas charlas sobre lo divino y lo humano, fue un próspero imperio comercial regenteado por Rajagopal. Posteriormente, Rosalind Williams, que se relacionó con los hermanos Nitya y Krishnaji, como también se le conocía, desde la niñez y que había tenido una fuerte atracción por Nitya, tras la muerte del hermano de Krishnamurti, terminaría casándose con D. Rajagopal y trabajando en la Krishnamurti Writing Inc. (KWINC), que encabezaba Rajagopal y era la mayor de las empresas del nuevo iluminado.

Con ella, con Rosalind, tendría una relación adúltera durante años Krishnamurti. Esa relación fue evidenciada y revelada públicamente por la hija de Rajagopal y Rosalind, Radha Rajagopal, en sus memorias, Lives in the Shadow with J. Krishnamurti (1991). Al final, todo estallaría. Rajagopal y Rosalind se divorciaron. Y Krishnamurti y Rajagopal romperían relaciones comerciales y entrarían en tortuosas y prolongadas litis judiciales por los bienes y las organizaciones creadas durante décadas de fructífera operación. Y todavía, muertos Krishnamurti y Rajagopal, están operando esas organizaciones. Hay personas que todavía se siguen lucrando de los resplandores del santón.

Durante su madurez, Krishnamurti ejerció influencia y mantuvo relaciones, ocasionales en unos casos y prolongadas en otros, con artistas y pensadores como los novelistas Christopher Isherwood y Aldous Huxley, Thomas Mann y su esposa, el filósofo inglés Bertrand Russell y la actriz Greta Garbo, para hablar de los más conocidos por estos predios. Al círculo de Huxley y Krishnamurti en California, durante la Segunda Guerra Mundial, pertenecieron los Brecht, los Stravinsky y los Chaplin. Fue amigo personal de Jawarharlal Nehru y su hija Indira, líderes políticos de la India, de científicos como el físico David Bohm, amigo de Einstein, y de muchos potentados que le protegían y costeaban, entre ellos Gerard Blitz, fundador del Club Mediterranée.

GURDJIEFF, EL TRASQUILADOR ARMENIO

Al armenio George Gurdjieff le encantaba hablar de “escardar las ovejas”; es decir, desplumar económicamente a sus incautos discípulos, que vivían el rigor de un “método” sometido al capricho y la vanidad de este encantador de crédulos, de origen armenio.

Gurdjieff no tuvo escrúpulos en autopresentarse como miembro de aquella corte exótica de Maestros Espirituales. Trajo a Occidente las danzas armenias y orientales, presentándolas como “danzas sagradas”, tomando de modelo a los derviches danzantes sufíes, y aprovechando el impacto que tenían por entonces en Europa los Ballets Rusos de Sergei Diágilev. También introdujo el Eneagrama, proveniente de la tradición sufí, un modelo tipológico para entender la personalidad de los individuos.

Teorizó una vía propia a la “iluminación”: a la que llamó el Cuarto Camino, distinta del camino del faquir, del camino del monje y del camino del yogui. Pretendía haber superado a las grandes tradiciones religiosas: el budismo, el sufismo islamita, el cristianismo ortodoxo y el hinduismo, y se dedicó a hacer discípulos a los que maltrataba y mantenía en condición de semiesclavitud. Y a los que despedía groseramente, cuando su humor lo inducía a ello. Muchas personalidades fueron seducidas por Gurdjieff, entre ellas el famoso arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright y su esposa, el poeta francés René Daumal, que le introdujo entre la intelligentzia francesa, y un círculo de escritoras entre las que figuraba la narradora Djuna Barnes.

Este santón tuvo seguidores como el ruso Piotr Ouspenki, que dedicó treinta años de su vida a sistematizar a Gurdjieff, siendo humillado y abusado por él. Al final de su existencia sintió la total irrisión de lo que había sido su principal ocupación vital, murió alcohólico y fracasado. Otros, como Alfred Orage, el médico Francis Roles, el abogado León MacLaren y J. G. Bennet también fueron seguidores del modelo de Gurdjieff, desarrollando comunidades de practicantes. A través de Ouspenky, Gurdjieff tuvo influencia sobre un brillante poeta inglés, T. S. Eliot.

Roles y MacLaren jugaron un papel importante en introducir en Occidente a otro santón, el Maharishi Mahesh Yogi, y en ayudarle a promover la Meditación Trascendental. Fundaron una escuela para ello pero al final terminaron cada uno por su cuenta al no ponerse de acuerdo sobre el dinero que les llegaba en grandes cantidades.

John G. Bennet, por su parte, fue un insaciable buscador de maestros espirituales, yendo de uno a otro, entusiasmándose y entusiasmando a sus seguidores en santones de los que se desencantaba luego para ir en pos del nuevo iluminado entrevisto. Uno de ellos fue el afgano Idries Shah.

SHAH, EL SANTÓN SUFÍ

Bennet, que había trabajado en la inteligencia militar, a la que renunció por su vínculo con Gurdjieff y con Ouspenki (en particular, con Gurdjieff, a quien se acusó de espía ruso), recibió a un amigo conocido en sus tiempos de oficial de inteligencia, Reginald Hoare, discípulo de Ouspenki, quien le recomendó reunirse con el afgano Idries Shah.

Shah había vivido en la India y luego en Sutton, un barrio pobre de Londres. Su padre fue un colaborador de los británicos en Afganistán y, tras la derrota británica en la Primera Guerra Afgana, le incautaron todas sus propiedades y temía por su vida. Tras una desafortunada experiencia comercial en Uruguay como representante comercial de su padre, en los años posteriores la Segunda Guerra Mundial, en que se vio implicado en un escándalo en la importación de carne halal (carne de acuerdo a la ley religiosa musulmana), que provocó que el cónsul inglés en Uruguay calificara al padre de Shah de estafador, el hijo buscó otras maneras de ganarse la vida.

Olfateó la proclividad inglesa al ocultismo y a los santones exóticos, pues llegó a ser secretario-acompañante del director del Museo de Magia y Brujería de la isla de Man, localizada en el mar de Irlanda y dependiente de la Corona Británica. Shah detectó una oportunidad de sobresalir, se autoproclamó como descendiente de los reyes sasánidas, de Abraham, de Mahoma y también del duque de Hamilton y declaró ser un emisario de la Hermandad Oculta de la que habló en su tiempo Gurdjieff, repitiendo este último sin dudas a la Blavatsky.

Adoptó el rol de un venerable maestro de la tradición sufí y logró un impresionante éxito al convencer a J.G. Bennet que le traspasara la valiosa mansión de Coombe Springs, donde Bennet y sus discípulos se reunían, para él realizar su obra. Bennet, tras muchas dudas, terminó por conceder el traspaso gratuito de la propiedad a Idries Shah. Tras el traspaso, lo primero que hizo el santón sufí fue prohibirles a Bennet y a sus seguidores entrar a la mansión sin su permiso y luego la vendió por cien mil libras y se compró otra en Tunbridge Wells, Kent.

Y como Krishnamurti, creó una organización internacional para su papel de representante y principal difusor del sufismo en Occidente, con una impresionante lista de libros, muchos de los cuales son recopilaciones de historias y anécdotas sufíes. Poetas como Robert Graves (al que comprometió en una escandalosa traducción del Rubaiyat, de Omar Khayyam), Ted Hughes y la novelista y premio Nobel Doris Lessing estuvieron bajo la influencia poderosa de este santón afgano.

SANTONES DE TODOS LOS SABORES

En Alemania, Rudolf Steiner, quien fue inicialmente fue encargado por Annie Besant en 1904 de representante para Alemania y el entonces Imperio Austro-Húngaro, de la Sociedad Teosófica, rompió con Besant y Leadbeater cuando estos proclamaron a Krishnamurti como el nuevo Maestro del Mundo en los años 1912/13. A partir de entonces, se dedicó a crear un sistema: la Antroposofía, y produjo una amplia bibliografía y un procedimiento para las “prácticas espirituales”.

En Francia, un periodista deportivo, Claude Vorilhon, declaró haber tenido un contacto con Elohim en 1973 en Clermont-Ferrand, en el centro de Francia. Según él, un ser de 25,000 años de edad, que llegó en un OVNI, le explicó el origen extraterrestre de los humanos. Vorilhon cambió su nombre a Rael, declaró que todos los profetas: Buda, Jesús, Abraham, Mahoma, etc., fueron enviados por los Elohim y creó una nueva religión, el Movimiento Raeliano, cuyos textos plagian a autores de ciencia-ficción como Jean Sendy, combinándolo con el tono Nueva Era y recursos del Método Silva.

La Sociedad Hermética, cuya templo en Santo Domingo, una pirámide, queda cerca de mi residencia, fue fundada en 1950 por el Dr. Robert T. Browne en los Estados Unidos. Se creen continuadores de un personaje legendario, Hermes Trismegisto (sincretismo del dios egipcio Tot y el griego Hermes), al que se le atribuyen conjuros y otros tratados esotéricos recopilados en el Corpus Hermeticum, que se transmiten de maestro a discípulo. Un brillantísimo poeta, narrador y actor dominicano de la Generación del ´60, Miguel Alfonseca, fue investido como sacerdote de esa secta en la que militaron importantes artistas y personalidades dominicanas.

El coreano Yong Myong Moon, que cambió su nombre a Sun Myung Moon y se hace llamar “Padre verdadero” y “Tercer Adán” por sus acólitos, creó la Iglesia de la Unificación, famosa por sus bodas masivas y sus cuantiosas propiedades e inversiones. Según Moon a los diecisiete años le fue encomendada la tarea de “unificar todos los credos religiosos en un nuevo cristianismo”. Los escándalos acompañan a esta secta. En 1982 purgó año y medio de prisión en los Estados Unidos condenado por fraude fiscal y conspiración.

En la India, tierra pródiga en santones y gurúes, está Satya Sai Baba, cabeza del movimiento internacional “Organización Sri Sathya Sai”, quien desde los 14 años de edad se proclamó el avatar, encarnación de Dios, para esta era, en particular, la encarnación simultánea de los dioses Brahmá, Vishnú y Shivá. Sai Baba gusta de producir una serie de prestidigitaciones y trucos que deslumbran a sus seguidores, listos para creer y exagerar lo que ven. Así, ellos creen que él puede materializar prendas como anillos de oro, eruptar medallones, producir cenizas de manera imparable y otros prodigios por el estilo. Al gurú se le vincula a prácticas homosexuales y ha vivido en medio del escándalo, con denuncias de abuso sexual, engaño, asesinato y delitos financieros. Tal Brooke, ex devoto estadounidense, publicó en 1976 el libro Avatar of the Night: The Hidden Side of Sai Baba, sobre las prácticas sexuales secretas del gurú.

La proliferación de síquicos y “astrólogos”, brujos y cartománticos, adivinos y encantadores, que se anuncian por la prensa, la radio y la televisión, cuentan con líneas de llamadas calientes, espacios en los medios y son consultados y entrevistados como figuras respetables, en una espiral de frivolidad e irresponsabilidad que pasma, nos recuerda aquel libro de los franceses Louis Pauwels y Jacques Bergier, El Retorno de los Brujos, que produjo un escándalo en 1960.

Acá, en América, cómo podría no ser así, también tenemos nuestros santones. Pueden provenir, como Antonio Conselheiro del Brasil o el dominicano Olivorio Mateo, de la peor de las pobrezas y encauzar las esperanzas irredentas de hordas analfabetas de campesinos, o pueden, en tiempos recientes, ser como Mita. Una boricua, Juanita García Pereza, en 194o, en Arecibo, Puerto Rico, fue expulsada de la Iglesia de Dios Pentecostal, porque se autodefinió como la encarnación del Espíritu Santo en la tierra. En 1947 se mudaron a Hato Rey. A la muerte de Mita, en 1970, se produjo una disputa por el control de la iglesia que ganó Teófilo Vargas Seín, Aarón, declarando que Mita había resucitado en él. La Iglesia de Mita en Aarón tiene presencia en varios países, entre ellos República Dominicana. O los mormones, seguidores del profeta Joseph Smith, con fuerte presencia en muchos países de América, entre ellos República Dominicana.

Otro puertorriqueño, ex-drogadicto que estuvo preso por robo, se autodeclaró como Jesucristo, y mantiene una secta, el Ministerio Internacional Creciendo en Gracia, que le consideran la encarnación de la tercera venida de Cristo. También se ha llamado a sí mismo el Anticristo.

En los años ´70, el peruano Carlos Castañeda, inserto en la llamada contracultura y la psicodelia de la época, hizo saber que se había convertido en un chamán nahual, un santón espiritual en la cultura tolteca, y produjo una serie de libros sobre chamanismo, rituales toltecas, alucinógenos y misticismo que dijo les fueron inspirado por un brujo tolteca, Don Juan, y generaron catervas de seguidores.

Hay los que veneran al Conde de Saint Germain y practican la “metafísica” de la venezolana Conny Méndez, quien se presentó como rayo gemelo del Maestro Ray Sol, el ascendido Saint Germain, y promovió la purificación del planeta por medio de la Llama Violeta Transmutadora.

Los hay que depositan su fe en el llamado Libro de Urantia, publicado anónimo pero atribuido al Dr. William Sadler, mezcla de misticismo y ciencia-ficción; seguidores de Un Curso de Milagros, tres volúmenes supuestamente canalizados por seres incorpóreos a Helen Schucman y William Thetford, que incluyen manuales y ejercicios; de la Dianética de la Iglesia de la Cientología, creada por el escritor de ciencia-ficción L. Ronald Hubbard, quien la publicó por cierto inicialmente en la revista Astounding Science-Fiction… Hay de todo para quien quiera perder su tiempo y, en no pocas ocasiones, la cordura, cuando no el autorrespeto.

LA VERSIÓN NO RELIGIOSA DE LOS MAESTROS INVISIBLES

La versión no espiritista tiene que ver con la denominada teoría de la conspiración, la existencia de organizaciones cuasi invisibles, jerárquicas y todopoderosas, que desde las sombras controlan los poderes fácticos. Serían Potentados Invisibles que mueven los hilos de los acontecimientos y controlan el mundo sin que los percibamos.

Así, hay un verdadero brebaje de creencias, mezcla de fantasías, exageraciones, seriales de televisión, periodismo amarillo y algún que otro hecho tomado por los pelos que se condensa en teorías paranoicas con una “lógica” que termina por hacernos sentir como cobayas humanas a merced de siniestras fuerzas omnipotentes. Las teorías de la conspiración abundan. Y organizaciones dedicadas a ellas. Ya producen best-sellers, como El Código Da Vinci, de Dan Brown. Y una abundante literatura descriptiva. Mucha que sazona el tema o remezcla y recalienta sus ingredientes. Otra que busca informarnos sobre el hecho, como A Culture of Conspiracy, de Michael Barkun.

Un ejemplo pertinente es el de David Icke, ex jugador de futbol inglés, reportero y presentador de televisión y posteriormente vocero del Partido Verde, que en un momento se autocalificó de “El Hijo de Dios”. Icke denunció la existencia de una sociedad secreta de hombres en la sombra, los Illuminati, a los que pertenecen los reyes británicos, los Bush, los Rockefeller, los Rothschild y otras familias poderosas, y cuyo propósito es instaurar un gobierno mundial por medio de la ONU.

LOS LÍDERES MÁXIMOS Y OTROS SICÓPATAS

Un sicópata tiene todo en su favor para encumbrarse a líder máximo: egocentrismo, ningún escrúpulo, instinto criminal, habilidades de manipulación, carencia de emociones y sentimientos, ambición y ausencia de valores sociales. Así, individuos como José Stalin, Rafael L. Trujillo, Fidel Castro, Adolfo Hitler, Mao Zedong y otros criminales en masa, poseen el magnetismo de seducir a individuos con inclinaciones masoquistas, oportunistas y débiles mentales que se les prosternan y se hacen sus cómplices.

Y muchos llegan a aprovechar el ocultismo y las creencias esotéricas. Hubo un esoterismo nazi. Y recordemos al tétrico José López Rega, creador de la Triple A en Argentina, un ocultista que ejerció una hipnótica influencia sobre Isabelita Vda. Perón y escribió varios libros ocultistas, entre ellos El Sabio Hindú y Astrología Esotérica. Le apodaron “El Brujo”.

Los líderes máximos también seducen y cautivan a escritores, intelectuales, filósofos y personalidades. Hitler recibió el apoyo del filósofo alemán Heidegger, quien le escribió discursos en 1932 y 1933. Ezra Pound tuvo una identificación total con el italiano Benito Mussolini. Pablo Neruda, César Vallejo, Nicolás Guillén, Louis Aragon, Paul Eluard, Jorge Amado, Rafael Alberti fueron incondicionales del dictador soviético José Stalin, al que cantaron y sirvieron, y del que justificaron sus crímenes y excesos.

Esta necesidad de un santón, místico o político, la ejemplifica el uruguayo Mario Benedetti. En su temprana juventud, Benedetti y sus familiares cayeron bajo la influencia del argentino Carlos Bernardo González Pecotche, quien se rebautizó a sí mismo como Raumsol y creó su propia doctrina mística: la Logosofía. En 1934, Benedetti ingresa a la llamada Escuela Raumsólica de Logosofía. Y como secretario de Raumsol se marcha con él a Buenos Aires, de donde regresó fuertemente desengañado de su gurú. Pero años después y hasta su muerte lo sustituyó por otro: Fidel Castro, y por igual fue incondicional de este nuevo santón político, a quien buena parte de la intelligentzia latinoamericana venera y justifica con total ausencia de independencia de criterio y al margen de la brutalidad de su dictadura militar y al ostensible fracaso.

EL PELIGRO DE RENUNCIAR A PENSAR Y DISCERNIR

Steven Pinker, del MIT, en su libro Cómo Funciona la Mente, reseña una opinión del lingüista Noam Chomsky. Según Chomsky, nuestra ignorancia se podía dividir en problemas y misterios. Aunque no sepamos la solución de un problema, tenemos la intuición de que hay una solución y de qué conocimientos requerimos desarrollar para alcanzarla. Un misterio, por el contrario, nos deja desconcertados, perplejos, maravillados, sin siquiera saber qué aspecto tendría una explicación. Creo que siempre será así, o por lo menos, durante mucho tiempo. Nos ocuparemos en solucionar problemas y nos asomaremos, con ojos de asombro y desconcierto, a los insondables misterios de la existencia y el universo.

Paul Davies, físico y escritor británico, autor de libros como “La Mente de Dios”, escribe: “Pertenezco al grupo de científicos que no suscribe a alguna religión convencional, pero no obstante niega que el universo sea un accidente sin propósito. A través de mi trabajo científico he llegado a creer más y más fuertemente que el universo ha sido ensamblado con un ingenio tan asombroso que no puedo aceptar que es meramente un hecho bruto. Debe haber, me parece, un nivel más profundo de explicación. Si uno quiere llamar a ese nivel más profundo “Dios” es una cuestión de gusto o y definición”.

Soy de los que asumo un nombre para ese “nivel más profundo”: Dios, le llamo. Y para mí está claro que mi fe, mi credo, se fundamenta en los siete cimientos que edifican la doctrina de Cristo: el amor a Jehová y al prójimo, el perdón, la misericordia, el arrepentimiento, la humildad, el servicio y el modelar la vida de Jesús. Todo discurso, toda conducta, sólo es cristiana en mi opinión, en tanto concuerde con esos siete fundamentos.

Pero ni en La Biblia ni en las enseñanzas de Jesús he visto que se me pida que renuncie a discernir, a pensar, por el contrario, se me llama a buscar el conocimiento. Anular la capacidad crítica, la independencia de criterio para hacer una evaluación personal de un hecho, una idea o una persona, es altamente peligroso.

Un libro del historiador inglés Paul Johnson, “Intelectuales”, descalifica a los que se piensan a sí mismos como la conciencia crítica de la sociedad, a los intelectuales, para “aconsejar a la humanidad”. Y al pasar revista a una serie de figuras conspicuas de la intelectualidad, de Rosseau a Marx, de Brecht a Sartre, de Russell a Hemingway, muestra las incongruencias, los desatinos, la falta de integridad y los soberbios disparates del grupo al que me siento pertenecer o con el que tengo mayor afinidad. Debo, por tanto, entender que nada me autoriza a pensarme más atinado, cuerdo, claro, entendido o fiable que cualquier otra persona. Y lo acepto. Como Johnson demuestra, “los intelectuales son tan irrazonables, ilógicos y supersticiosos como cualquier otra persona”. Y los nombres que he ido citando junto a los santones, gurúes y líderes máximos así lo confirman.

No soy un escéptico cerrado. Acepto que, como señala Chomsky, en nuestra ignorancia hay una parte de misterio. Y no puedo negarme a entender la posibilidad de realidades que escapan a nuestro entendimiento. Soy flexible en esto. Pero permitir que se nos manipule e instrumentalice para explotar nuestra ignorancia y nuestro desconcierto, ya eso es otra cosa. Una pizca de escepticismo siempre es sana. Y en ocasiones, un poco más que una pizca.

5 comentarios:

  1. Muy buena. Creo que tienes razón son muchos los que emsombrillados bajo un manto falaz, consiguen seguidores a raudales y logran grandes fortunas y, sobre todo, logran mucho sexo. Pues esto "iluminados" tiene dos deidades: Dinero y sexo.

    ResponderEliminar
  2. En su artículo hay alguna q otra frase buena de alguien. Mucho de chisme insustancial, inocuidad e inobjetividad (en especial referente a jiddu krishnamurti, castaneda y algún q otro) Tambien le faltó olímpicamente agregar al título "Religiosos y figuras religiosas" con muchísimo más escándalo, pedofilia, sangre, guerras y negocios de armas en sus manos.

    ResponderEliminar
  3. Me gusta el artículo del blog, aunque las fuentes son mínimamente nombradas, sirve como incentivo a estudiar el origen de algunas líneas de “espiritualidad esotérica” moderna ( o sea que confrontaron al Judaísmo y Catolicismo clásico y otras ramas de éste que tenían la hegemonía en Occidente ).
    Noto sí, cierto énfasis en algunas críticas denostadoras ( aunque pudieran tener asidero, lo es también el fenómeno en sí, de las creencias puestas a jugar en el mundo ).

    Creo que la “maestría” no se relaciona mucho con las “luminarias” del mundo, o no siempre, y que claro “cuando las luces se prenden, muchas buenas intenciones pasan a segundo, tercero y quién sabe que lugar”.
    Se escribe mucho sobre luminarias, pero menos sobre maestros, es como que, ¿para que escribir sobre ellos, si es necesario conocerlos personalmente?, así, aún respetando y confiando en parte de la maestría de “luminarias”, creo que hay muchos caminando más cerca, esperando nuestra atención y nuestra sed del agua que tiene para ofrecernos.
    Creo que todos tenemos un poco de “agua” para compartir. Aunque personalmente pueda llamar “maestros” a quienes parecen fuentes inagotables de “agua pura”. Y jamás he llamado “maestro” a nadie ¿ para que llamarlo así?

    En definitiva, y luego de leer el artículo con más atención, creo que ayuda a discernir algunas cosas.
    En mí, fortalece la idea de la importancia de la convivencia, de la comunidad que aprende a reconocer al otro como una relación sinérgica: ( comunidad en la cual aprendo y enseño cosas); la importancia de la Epistemología participativa: que como nos ayuda a entender la teoría sistemica: “los vínculos son más que la suma de las personas que los componen”.

    ResponderEliminar
  4. Aquiles, ¿por qué en vez de despotricar sobre Jiddu Krishnamurti, no se plantea o discute la verdad de lo que dijo? Que sepa usted que, diciendo lo que dice de él, no consigue más que confirmar lo que él decía.

    ResponderEliminar
  5. Que bloq tan loco, no entiendo el sentido de sentarse a criticar sobre cosas qu emedio leyo. No sirve para nada.

    ResponderEliminar