viernes, 23 de julio de 2010

EL ÚLTIMO ESTERTOR CRIMINAL DE FIDEL CASTRO


¿Dirigiría Fidel desde su clínica la guerrita que él y Chávez quieren desatar con Colombia?

Por Aquiles Julián

Un problema serio del ego de Fidel Castro es su creencia (extraña en un ateo confeso) de ser una reencarnación de Alejandro Magno. Se ve a sí mismo como “un gran estratega” militar. Y el ejemplo mayor de su delirio estuvo en dirigir batallas en Angola por control remoto, pasándoles por arriba a sus generales que sí estaban en el campo de batalla.

Él, desde su confortable fortín de La Habana, disponía tropas, mandaba acciones. Y de ahí devinieron los primeros roces que condujeron al fusilamiento de Arnaldo Ochoa.

La visión de sí mismo de Castro es la de un genio militar y político al que se subordinan y por el que se sacrifican sus hombres de manera ciega. Es un viejo paradigma marxista: el kamizake, el mártir que se inmola, el que entrega la vida por la orden recibida del líder sagrado, omnisciente y omnipotente al que adora.

Que el paradigma es marxista lo muestra explícitamente un relato del anarquista ruso Mijail Bakunin sobre un encuentro con Karl Marx, como el poeta y ensayista alemán Hans Magnus Enzenberger reseñó en su compilación “Conversaciones con Marx y Engels”.

Marx escandalizó a Bakunin, el anarquista ruso de origen noble, cuando Marx se ufanó de que había creado un partido con una disciplina tal que “si él en ese momento le ordenaba a uno de sus afiliados matar a Bakunin” la orden se cumpliría sin rechistar. Aquello alteró a Bakunin que renegó de semejante engendro. Ese partido de cuadros profesionales que ejecutan la orden emanada de arriba no fue el sueño sólo de Marx, también lo fue el de Lenin, que lo llevó a la realidad. Y posteriormente el de sus sucesores: Stalin, Castro, Kim Il Sung, Pol Pot, Ho Chi Minh, etc.

Te ordeno que te dejes matar por mí

A Fidel le encanta mandar a matar y que sus órdenes se cumplan ciegamente.

A Raúl, su hermano, por ejemplo, le hizo matar a otros en México y desde entonces Raúl Castro ha estado asesinando personas a pedido de su psicópata hermano, que le domina.

Otro ejemplo útil proviene de la crisis en Granada.

El jefe de la misión militar cubana en Granada era el coronel Méndez, a quien el actual dictador militar cubano Raúl Castro le motejó despectivamente de “el coronelito Méndez”, pero quien fue proyectado fue otro: el coronel Tortoló.

Al coronel Tortoló, en Granada, cuando el ejército norteamericano por decisión de Reagan decidió invadir, a raíz del asesinato de Maurice Bishop ejecutado por el agente de la Inteligencia cubana en Granada Bernard Coard, Fidel le ordenó resistir el apabullante poder de fuego del ejército estadounidense e “inmolarse en combate” junto a sus hombres. Su objetivo era mandar un claro mensaje a la Administración Reagan de que en Cuba él y los suyos se inmolarían en caso de una invasión norteamericana. Pero el coronel Tortolo desairó a Fidel y se rindió.

Aquello no podía ser más humillante para el engolado dictadorzuelo cubano. Toda su mitología de una maquinaria de guerra inquebrantable se vino abajo. Aquel acto de cordura le originó al coronel Tortoló su humillación y degradación. De casualidad no lo fusilaron. Y sólo una muerte buscada en Angola, una forma de reivindicarse frente al nuevo dios que había erigido en su corazón: Fidel, le salvó de las burlas y el desprecio de sus pares.

Cómo empezó Arnaldo Ochoa su camino al paredón

Fue en Angola, donde murió el ex-coronel Tortoló, degradado a simple cabo por no dejarse matar por Fidel (para al final sí dejarse matar por Fidel, como vimos), que empezó el vía crucis que condujo al general cubano Arnaldo Ochoa al paredón.

Fidel, desde la seguridad de su bunker en La Habana, quería dirigir el teatro de operaciones, la guerra concreta. Se sentía un clarividente, un genio militar, ordenando movimientos de tropas y convencidos de que sus soldaditos morirían por él.

Florentino Aspillaga, quien fuera oficial de la Inteligencia cubana y quien desertó de Cuba cuenta la visita de Fidel a un cuartel militar cubano en Angola a fines de 1975. El militar cubano recuerda que Fidel, cuyo gusto por hablar es casi vicio, reunió a una audiencia de más de 600 oficiales de rango y personal de inteligencia y frente a ellos: “Arrogante, procedió a elogiarse, glorificando su excepcional capacidad de liderazgo y lo mucho que él y su pequeño país habían hecho en todo el mundo” (Brian Latell: Después de Fidel, Pág. 280).

Y Huber Matos, comandante guerrillero y víctima de los Castro, destaca de Fidel que “nunca se involucraba en la lucha real, aunque sí quería dirigir, desde lejos, todos los detalles de los combates (…) Este era su modo usual de dirigir cada detalle en la guerra” (Brian Latell, Ob. Cit. Pág. 290).

A Ochoa precisamente le reprendería por adoptar medidas en el teatro de las operaciones diferentes a las que ordenaba desde su bunker en La Habana. Y el mismo Latell reseña un cable enviado desde La Habana a Ochoa en Angola en que Fidel le recriminaba: “Estoy furioso por sus inesperadas e inexplicables ideas, tan opuestas a mi concepto de lo que es esta lucha” (Ibid.)

¿Cuál es el plan de Castro y Chávez?

El delirante caudillo venezolano necesita con urgencia su guerra con Colombia. Sus desastrosas políticas públicas, su incompetencia, la mediocridad de la camarilla que le rodea y le alaba como nuevo Bolívar redivivo, hunden a Venezuela en el abismo. Inflación, desabastecimiento, mercado negro, productividad decreciente, estancamiento y desinversión, crisis por todos lados, el escándalo de los furgones podridos, todo lo hunde en la impopularidad.

¿Y cuál es la mejor receta entonces? Galvanizar sus fuerzas con un enemigo externo que fomente el patrioterismo, le permita aplastar a la oposición (presentada como antipatriótica y procolombiana), silenciar a la prensa, desarticular al ejército y reemplazarlo por las milicias bolivarianas previamente armadas con el pretexto de “defender la Patria” y la “revolución bolivariana”.

Mientras, sus aliados: Ecuador, Bolivia, Paraguay, Nicaragua, harán el ruido suficiente acusando a Colombia de confabularse con los Estados Unidos y prestarse a una “guerra de agresión imperialista” en contra de Venezuela.

Veremos a los cancilleres del ALBA y a todos los grupúsculos de la izquierda, compañeros de ruta, periodistas y medios afines poner el grito en el cielo; acusar a Obama, a Uribe, a Santos y cualquier personalidad o país que no se sume al coro infame, de agredir injustamente a Venezuela. ¿Tenemos que explicar que La Matraca Canalla mostrará su poder con pedreas a embajadas, mítines, disturbios, cartas públicas, protestas, una verdadera retahíla de artículos pro chavistas y anti colombianos, terrorismo en las ciudades colombianas a cargo de las FARC y otras actividades complementarias por el estilo? Esperen y verán.

La lógica del plan

Aunque el siniestro plan de Chávez y Castro es desquiciado, no deja de poseer una lógica impecable: destruir las fuerzas armadas venezolanas, destruir a la oposición, destruir la prensa e imponer la dictadura comunista con el pretexto del conflicto con Colombia y la “amenaza” de una intervención militar norteamericana contra Venezuela.

La “guerra patriótica” de Chávez es la excusa para imponer por la fuerza un gobierno comunista en Venezuela. Todo aquel que se oponga y disienta, será tildado de quintacolumna del enemigo colombiano –norteamericano, espía, agente y otras lindezas por el estilo.

La promoción de la histeria patriotera y chauvinista ya empezó. El rompimiento de relaciones es parte del show, con todo y Maradona incluído. Antes, se había montado con suma eficiencia la serie de campamentos de las FARC colombianas que serían la punta de lanza de la ofensiva militar castrista-chavista contra la democracia colombiana. La provocación estaba en pie. Y no dudemos que su evidenciación en el fondo sea parte del plan siniestro.

Las condiciones: milicias paramilitares en Venezuela, armamentismo acelerado con productos de origen ruso que los militares cubanos dominan, penetración intensa de la Inteligencia y el ejército cubano en Venezuela bajo distintas coberturas y tapaderas, preparación de las quintacolumnas colombianas de las FARC como parte del plan y una situación interna que urge dar el paso ya o perder el poder por incompetente y disparatoso.

La preparación es obvia

Durante años han estado formando un ejército paramilitar: las milicias bolivarianas, germen del futuro ejército popular venezolano que debe reemplazar a las fuerzas armadas regulares de Venezuela.

La infiltración bajo diferentes tapaderas y coberturas de militares y agentes de la Inteligencia cubana, que ahora pululan por doquier en Venezuela y van detectando quién es quién y dónde golpear ha sido escandalosa.

Chávez a utilizado voluminosos millones de dólares para armar a Venezuela con aviones, cohetería y armas rusas que son las que los militares castristas conocen bien, de forma que estén preparados para el conflicto.

Todo ha sido preparado de manera acelerada. Y ahora se piensa provocar el conflicto.

De hecho, como vieja Casandra agorera, el senil dictador cubano ha reaparecido pronosticando catástrofes nucleares y otros sueños apocalípticos, buscando preparar a la opinión pública para lo que viene.

¿Cuál podría ser desenlace previsto?

Evidentemente, lo que Chávez y Castro quieren es una excusa que les permita imponer la dictadura comunista en Venezuela como “respuesta patriótica” a la crisis militar y política, con el cuento de que era necesario para “defender la patria” de una inminente intervención militar norteamericana vía Colombia.

Inmediatamente, Ecuador, Bolivia y Nicaragua por un lado, Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina por el otro, todos los socios y amigos de la “revolución bolivariana” neocastrista, buscarían desde la OEA y la ONU el cese del conflicto militar. Y mientras se da paso a las comisiones y las negociaciones y demás recursos diplomáticos, Fidel y Chávez tendrían consumado su objetivo: imponer la dictadura comunista en Venezuela. Echarían al exilio a opositores, periodistas y discrepantes. Desarticularían “constitucionalmente” las fuerzas armadas regulares y la reemplazarían por el “victorioso” Ejército Popular Bolivariano o cualquier otra denominación que se les ocurra.

Será un golpe perfecto, a menos que las democracias que restan en América se den cuenta de la estafa que Castro y Chávez montan con su provocación a Colombia como parte de la trama siniestra de dar el tiro de gracia a la maltrecha democracia venezolana e imponer la dictadura militar comunista, de la que el propio Chávez será víctima en el futuro, pues le pasará lo mismo que a Maurice Bishop, el carismático líder de Granada asesinado por los apparatchiks prosoviéticos cuando sintieron que ya “tenían seguro” el poder en la isla caribeña.

Pero él no entiende eso. Su corta inteligencia no da para tanto.

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